Dejar de forzar: cuando soltar también es una forma de cuidarte.

Hay momentos en los que insistimos tanto en que algo funcione que dejamos de preguntarnos cuánto nos está costando sostenerlo.

Forzamos conversaciones.

Forzamos relaciones.

Forzamos explicaciones.

Forzamos vínculos en los que sentimos que tenemos que demostrar constantemente nuestro valor.

Intentamos que alguien nos comprenda, nos elija, cambie, se quede o responda de la misma manera en que nosotros lo haríamos.

Y sin darnos cuenta, podemos terminar agotados intentando mantener algo que necesita demasiado esfuerzo solamente para existir.

Cuando empezamos a convencer a aqluien de nuestro vslor.

Hay momentos en los que insistimos tanto en que algo funcione que dejamos de preguntarnos cuánto nos está costando sostenerlo.

Forzamos conversaciones.

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Forzamos explicaciones.

Forzamos vínculos en los que sentimos que tenemos que demostrar constantemente nuestro valor.

Intentamos que alguien nos comprenda, nos elija, cambie, se quede o responda de la misma manera en que nosotros lo haríamos.

Y sin darnos cuenta, podemos terminar agotados intentando mantener algo que necesita demasiado esfuerzo solamente para existir.

Cuando empezamos a convencer a alguien de nuestro valor

Una de las experiencias más dolorosas dentro de una relación es sentir que tenemos que convencer a la otra persona de que merecemos amor, atención o respeto.

Empezamos a explicar demasiado.

“Yo solamente quería ayudarte.”

“No quise hacerte sentir así.”

“Si me escucharas, entenderías.”

“Después de todo lo que hice por vos…”

Y poco a poco nuestra energía deja de estar puesta en preguntarnos qué necesitamos y empieza a concentrarse en conseguir una respuesta del otro.

Necesitamos que entienda.

Necesitamos que cambie.

Necesitamos que reconozca cuánto hicimos.

Necesitamos que finalmente nos dé aquello que estamos esperando.

Pero existe una pregunta importante:

¿Cuánto de mí estoy dejando de cuidar mientras intento que otra persona vea mi valor?

Tu valor no depende de que alguien pueda reconocerlo

Que una persona no pueda ofrecerte lo que necesitás no significa automáticamente que haya algo malo en vos.

Tampoco significa necesariamente que esa persona sea mala.

A veces simplemente existen diferencias profundas en las necesidades, los valores, las expectativas o la manera de relacionarse.

El problema comienza cuando transformamos esas diferencias en una lucha constante.

Queremos conseguir del otro algo que quizá hoy no puede, no sabe o no quiere ofrecer.

Y cuanto más insistimos, mayor puede ser nuestra frustración.

Tu valor no aumenta porque alguien te elija.

Y tampoco disminuye porque alguien decida alejarse.

No necesitás presentar pruebas de todo lo bueno que sos para merecer respeto.

Forzar también puede aparecer en las amistades

Esto no ocurre solamente en las relaciones de pareja.

También podemos forzar amistades.

Ser siempre quienes escribimos primero.

Quienes preguntamos cómo está la otra persona.

Quienes organizamos encuentros.

Quienes estamos disponibles cuando alguien nos necesita.

Y cuando nosotros necesitamos compañía, descubrimos que la relación no funciona de la misma manera.

Entonces aparece una sensación muy dolorosa:

“Si dejo de buscar, probablemente esta relación desaparezca.”

Y quizás esa misma frase ya nos está dando información importante.

Una relación saludable no necesita ser perfectamente equilibrada todos los días, pero sí debería existir alguna forma de reciprocidad.

El miedo detrás de seguir insistiendo

Muchas veces no forzamos porque realmente queramos seguir luchando.

Forzamos porque tenemos miedo.

Miedo a estar solos.

Miedo a comenzar nuevamente.

Miedo a equivocarnos.

Miedo a perder los años invertidos.

Miedo a aceptar que una relación cambió.

Miedo a descubrir que aquello que imaginábamos quizá no vaya a suceder.

Por eso soltar puede resultar tan difícil.

No estamos soltando solamente una persona o una situación.

También podemos estar soltando expectativas, recuerdos, proyectos y una versión del futuro que habíamos construido mentalmente.

Y eso puede doler.

Dejar de forzar no significa dejar de intentar

Existe una diferencia importante.

Una relación requiere trabajo.

Necesita comunicación.

Necesita conversaciones incómodas.

Necesita comprensión y, algunas veces, paciencia.

No se trata de abandonar una relación ante el primer conflicto.

La diferencia está en observar si ambas personas están participando en el proceso.

Una pregunta sencilla puede ayudarte:

¿Estoy trabajando junto a esta persona para mejorar la relación o estoy intentando sostener la relación yo sola?

No es lo mismo.

Cuando existe intención de ambas partes, incluso las conversaciones difíciles pueden construir.

Cuando solamente una persona está empujando constantemente, aparece el agotamiento.

No todo necesita ser perseguido

Nos enseñaron mucho sobre insistir.

“Lucha por lo que quieres.”

“No te rindas.”

“El que persevera alcanza.”

Y esas frases pueden ser valiosas en determinados momentos.

Pero también necesitamos aprender algo diferente:

No todo aquello que podemos perseguir merece ser perseguido.

Hay situaciones en las que nuestra fortaleza no consiste en insistir una vez más.

Consiste en observar.

Aceptar.

Poner límites.

Y tomar una decisión.

Algunas preguntas para reflexionar

Tomate unos minutos y respondé con sinceridad:

  • ¿Qué relación estoy intentando sostener casi completamente yo?

  • ¿Estoy esperando que alguien cambie para poder sentirme bien?

  • ¿Estoy diciendo constantemente lo que necesito sin recibir ninguna respuesta?

  • ¿Me siento valorada dentro de esta relación?

  • ¿Existe reciprocidad?

  • ¿Puedo ser yo misma o estoy constantemente intentando evitar conflictos?

  • ¿Qué temo que suceda si dejo de insistir?

  • ¿Qué espacio podría abrirse en mi vida si dejara de perseguir aquello que continuamente tengo que forzar?

No necesitas responderlas todas inmediatamente.

A veces una sola pregunta puede abrir una reflexión importante.

Elegir también es dejar de perseguir

Madurar emocionalmente no significa dejar de necesitar a los demás.

Necesitamos vínculos.

Necesitamos pertenecer.

Necesitamos afecto.

Pero podemos aprender a relacionarnos sin abandonarnos en el proceso.

Podemos querer a alguien y, al mismo tiempo, reconocer que determinada relación nos lastima.

Podemos extrañar y no regresar.

Podemos comprender a alguien sin justificarlo todo.

Podemos perdonar sin permitir nuevamente determinadas conductas.

Y podemos dejar de insistir sin convertir al otro en nuestro enemigo.

A veces dejar de forzar simplemente significa aceptar:

“Esto ya no depende solamente de mí.”

Una última reflexión

Quizá hoy no necesitás tomar ninguna gran decisión.

Quizá solamente necesitás observar dónde estás colocando tu energía.

Porque existen relaciones, proyectos y personas que necesitan esfuerzo para crecer.

Pero también existen situaciones que nos consumen mientras intentamos obligarlas a convertirse en algo que nunca fueron.

No tengas miedo de preguntarte:

¿Estoy cuidando este vínculo… o estoy tratando de salvarlo a costa de mí misma?

La respuesta puede enseñarte mucho.


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