¿Qué quisiera que pasara conmigo?

Reconocer lo que necesito cuando el otro no puede dármelo.

A veces sabemos perfectamente lo que queremos para los demás, lo que esperamos de una relación o lo que creemos que debería cambiar.

Pero hay una pregunta más difícil:

¿Qué quisiera que pasara conmigo?

¿Cómo quiero sentirme dentro de una relación?
¿Cómo necesito ser tratada?
¿Qué necesito recibir?
¿Qué cosas ya no quiero seguir sosteniendo?
¿Qué me hace sentir querida, respetada, escuchada o acompañada?

Reconocer nuestras necesidades no siempre es sencillo.

Muchas veces aprendemos a adaptarnos, a esperar, a justificar, a comprender al otro y a postergar aquello que necesitamos nosotros.

Y sin darnos cuenta podemos pasar mucho tiempo esperando que otra persona finalmente vea lo que necesitamos y actúe de la manera que deseamos.

Saber lo que necesito no significa exigir

Reconocer una necesidad no significa que el otro esté obligado a satisfacerla.

Puedo necesitar más comunicación.
Puedo necesitar afecto.
Puedo necesitar compromiso.
Puedo necesitar tranquilidad, respeto, presencia o reciprocidad.

Mis necesidades son válidas.

Pero el otro también tiene sus límites, su historia, su manera de relacionarse y su capacidad emocional.

Y aquí aparece una de las partes más difíciles de cualquier vínculo:

aceptar que alguien puede querernos y, aun así, no poder ofrecernos lo que necesitamos.

Entonces aparece otra pregunta

No solamente:

“¿Qué quiero que haga el otro?”

Sino:

“¿Qué quisiera que pasara conmigo?”

Quiero sentirme tranquila.

Quiero poder expresar lo que siento sin miedo.

Quiero sentir que también soy elegida.

Quiero recibir interés sin tener que pedirlo constantemente.

Quiero sentir que mis emociones tienen un lugar.

Quiero poder ser yo sin vivir intentando demostrar mi valor.

Cuando empezamos a responder estas preguntas, dejamos de mirar solamente hacia afuera y comenzamos a escucharnos.

Cuando el otro no puede

Hay momentos en los que hablar, explicar y expresar nuestras necesidades puede mejorar profundamente una relación.

Pero también existen situaciones en las que ya hemos hablado muchas veces.

Hemos explicado.

Hemos esperado.

Hemos intentado entender.

Y nada cambia.

Entonces quizás la pregunta deja de ser:

“¿Cómo hago para que el otro cambie?”

Y comienza a ser:

“¿Qué puedo hacer yo con esta realidad?”

Porque hay algo que no podemos controlar: la capacidad del otro para darnos aquello que necesitamos.

Pero sí podemos decidir qué hacemos cuando una necesidad importante permanece constantemente insatisfecha.

Amar no significa desaparecer

Comprender al otro es importante.

Pero comprenderlo no debería significar olvidarnos de nosotros mismos.

Podemos reconocer las heridas del otro, su historia, sus dificultades y sus límites sin convertir todo eso en una razón para abandonar nuestras propias necesidades.

Una relación saludable también necesita espacio para preguntarnos:

¿Cómo me siento aquí?

¿Puedo ser quien soy?

¿Mis necesidades tienen lugar?

¿Existe reciprocidad?

¿Estoy esperando continuamente algo que esta persona quizás no puede darme?

Estas preguntas no buscan condenar al otro.

Buscan ayudarnos a mirarnos con claridad.

La aceptación también es una forma de amor propio

Aceptar no significa resignarse.

Aceptar significa dejar de luchar contra lo que está ocurriendo para poder decidir conscientemente qué queremos hacer con ello.

Quizás podamos negociar.

Quizás podamos encontrar una nueva manera de relacionarnos.

Quizás tengamos que establecer límites.

Y algunas veces tendremos que aceptar que querer a alguien no siempre significa poder construir con esa persona la relación que necesitamos.

Eso también forma parte de crecer emocionalmente.

Un ejercicio para vos

Tomate unos minutos y completá estas frases sin pensar demasiado:

Hoy necesito…

Dentro de mis relaciones quiero sentirme…

Me gustaría que conmigo sucediera…

Algo que ya no quiero seguir aceptando es…

Algo que estoy esperando del otro desde hace demasiado tiempo es…

Si esa persona nunca pudiera darme eso, tendría que preguntarme…

No busques inmediatamente una respuesta perfecta.

Simplemente escuchate.

A veces el primer cambio no ocurre cuando el otro finalmente comprende lo que necesitamos.

Ocurre cuando nosotros empezamos a reconocerlo con claridad.

Porque saber qué necesitamos también nos ayuda a decidir qué relaciones queremos construir, qué conversaciones necesitamos tener y qué límites necesitamos aprender a cuidar.

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