Dormís, pero seguís cansada: tal vez no sea falta de sueño.
Hay días en los que dormís ocho horas y aun así te levantás agotada.
El cuerpo descansó.
Pero la mente no.
Seguís pensando.
Resolviendo.
Anticipando.
Recordando conversaciones.
Preocupándote por lo que puede pasar.
Y entonces aparece una sensación difícil de explicar:
“Dormí, pero sigo cansada.”
No todo cansancio es físico
Estamos acostumbradas a relacionar el cansancio con dormir poco, trabajar demasiado o hacer mucho esfuerzo físico.
Pero también existe otro tipo de agotamiento.
El emocional.
Ese que aparece cuando llevamos demasiado tiempo sosteniendo situaciones difíciles.
Cuando estamos pendientes de todos.
Cuando intentamos resolverlo todo.
Cuando vivimos preocupadas.
Cuando atravesamos cambios, conflictos, pérdidas o incertidumbre y seguimos funcionando como si nada estuviera pasando.
Por fuera podemos parecer perfectamente bien.
Por dentro podemos sentir que ya no tenemos energía para nada más.
El cuerpo puede descansar mientras la mente sigue trabajando
Podés acostarte.
Cerrar los ojos.
Dormir.
Pero si pasaste el día en tensión, preocupación o sobrecarga, es posible que el descanso físico no alcance para sentirte verdaderamente recuperada.
Porque descansar no es solamente dormir.
También necesitamos momentos en los que nuestra mente pueda bajar el ritmo.
Momentos sin obligaciones.
Sin resolver problemas.
Sin estar disponibles para todo el mundo.
Sin sentir que siempre tenemos que estar haciendo algo.
También cansa estar siempre disponible
A veces no nos damos cuenta de cuánto agotamiento genera estar permanentemente pendientes de los demás.
Responder mensajes.
Resolver problemas familiares.
Escuchar preocupaciones.
Ayudar.
Organizar.
Trabajar.
Cumplir.
Y muchas veces, cuando finalmente tenemos un momento para nosotras, ya no tenemos energía ni siquiera para disfrutarlo.
Eso también es una señal de sobrecarga.
El cansancio puede estar diciéndote algo
Antes de preguntarte solamente:
“¿Estoy durmiendo suficiente?”
Probá preguntarte:
“¿Qué me está agotando últimamente?”
Puede ser una relación.
Una preocupación económica.
Una situación familiar.
Un trabajo.
Una decisión pendiente.
Una etapa de cambios.
Una exigencia que te imponés vos misma.
Identificar aquello que consume nuestra energía puede ser el primer paso para empezar a recuperarla.
Tal vez necesitás otro tipo de descanso
Hay distintos tipos de descanso.
A veces necesitamos descanso físico.
Pero otras veces necesitamos:
Descanso mental: dejar de pensar y resolver por un rato.
Descanso emocional: poder expresar lo que sentimos sin tener que aparentar que estamos bien.
Descanso social: estar un tiempo sin conversaciones, mensajes o demandas.
Descanso de la exigencia: permitirnos no ser productivas todo el tiempo.
Descanso digital: alejarnos un poco del teléfono, las noticias o las redes.
No siempre necesitamos dormir más.
A veces necesitamos vivir con un poco menos de carga.
Un ejercicio sencillo
Tomá una hoja y dividila en dos partes.
En un lado escribí:
Lo que me quita energía
En el otro:
Lo que me devuelve energía
No lo pienses demasiado.
Escribí personas, actividades, pensamientos, situaciones o hábitos.
Después observá ambas columnas.
Y preguntate:
¿Estoy teniendo suficiente espacio para las cosas que me devuelven energía?
Elegí solamente una pequeña acción que puedas recuperar esta semana.
Puede ser caminar.
Escuchar música.
Estar en silencio.
Leer.
Tomar un café tranquila.
Hablar con alguien.
Salir al aire libre.
Descansar sin sentir que tenés que justificarlo.
Descansar no debería ser un premio
Muchas personas se permiten descansar solamente cuando terminaron todo.
Pero las obligaciones nunca terminan.
Siempre existe otra tarea.
Otro mensaje.
Otro problema.
Otra cosa pendiente.
Esperar a estar completamente agotadas para descansar puede convertirse en una forma de vivir permanentemente al límite.
El descanso también forma parte del cuidado.
Escuchar el cansancio
A veces el cuerpo no está diciendo:
“Necesito dormir más.”
Está diciendo:
“Necesito que algo cambie.”
Tal vez necesitás bajar una exigencia.
Poner un límite.
Pedir ayuda.
Recuperar tiempo propio.
O simplemente reconocer que llevás demasiado tiempo sosteniendo demasiado.
En Escuela RENACE creemos que escuchar nuestro cansancio también es una forma de conocernos.
Porque sentirnos mejor no siempre empieza haciendo más.
A veces empieza permitiéndonos sostener menos.